Feliz 2012: Reencuentro con la naturaleza y con estas crónicas

Hace mucho tiempo que no escribía sobre las andanzas del Elefante Rocoso y creo que ya va siendo hora. El nuevo año ha de comenzar siempre con buenos propósitos. Se trata del concepto de la conservación de ciertos hábitos que deberían acompañarnos siempre: uno de ellos es el de la buena costumbre de caminar por el monte, y otro el de la participación activa en la preservación de la naturaleza, tan castigada. Todo ello en beneficio de su posteridad.

Nunca había ido a la célebre “Plantación del Árbol”, y llevaba ya tiempo sin salir a caminar, así que me uní a este afortunado grupo para colaborar en el brindis por el nuevo año. En cabeza, los incondicionales Damián, Miguel, y gente siempre nueva, que aunque han estado siempre ahí, en el Proyecto Rocoso, no conocía, como Laura, José Luis, Mar, Alfonso y otros nombres que he olvidado porque la memoria, aunque por suerte no me abandona, a veces me traiciona. Que se dé por citado el “chico de la moto”.

Otros con los que nos encontramos habitualmente en las rutas como Marco Arturo, Marc Arthur, y Rosalía. También hubo otros felices reencuentros con gente que ya conocía y que hacía mucho que no veía como: Fernando, Isabel (la profesora y estudiante de japonés), Paloma, acompañada de su entrañable perrito Frodo. La preciosa cabecita de rizos rubios ensortijados de Yaiza, con su ejemplar comportamiento a lo largo de todo el camino, nos dejó a todos cautivados. La encantadora Nathalie, que jugó con la niña al escondite, pintándole caritas en sus deditos tocados con gorritos de bellota.

Nos acompañaban también un recién llegado al grupo, Eduardo, compañero de clases de chino, gran amante de la montaña, y José Gótico, entrañable con su atuendo elegante y urbano, sus zapatos negros, cómodos como zapatillas de andar por casa, y exquisita bufanda escocesa.

Al comienzo, nos encontrábamos en el Horno de San Antonio, como de costumbre, el domingo 8 de enero, para tomar los desayunos rezagados, mientras llegaba el resto de la gente. En el Obrador, un agradable olor a naranja escarchada y azahar del roscón típico de estas fechas, impregnaba de los últimos destellos de la Fiesta de Reyes.

El día se presentaba espléndido a rabiar, con unas temperaturas inusuales para esta época del año. Partiendo hacia la carretera de Colmenar, tomamos el desvío de Miraflores de la Sierra, la antigua Porquerizas, nombre que hacía referencia a las actividades ganaderas que tenían lugar en dicha localidad. Según Wikipedia, “el cambio de nombre se cree que se produjo en 1627, propiciado por la Reina consorte Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV que de camino hacia el Monasterio del Paular por el Camino Real de la Morcuera se detuvo a descansar en una meseta en la cima de la Raya, al pie de la Najarra y contempló Porquerizas fijándose en la abundancia de flores”. Es por ello que apuntó el nombre de Miraflores, en lugar de Porquerizas, como una forma de dignificar la población. Y en verdad, no sé qué tiene este paisaje de encantador, –quizá las preciosas casitas en la ladera de la montaña–, que me recuerda a Sintra, aunque carezca de los nobles castillos que rodean la villa portuguesa.

En el asiento del copiloto, Juan Carlos, Juanky, el gaitero, nos amenizaba el viaje con los acordes estridentes de las bombardas bretonas de Gwendal, que encontró en el mp3 de su móvil. Una vez en la plaza del pueblo, desenfundó poco a poco de una maleta de piel, como un prestidigitador que extrae una paloma de un vaporoso pañuelo de seda, las piezas que componían su gaita gallega, el fol de terciopelo Burdeos, los tubos envueltos en gruesos calcetines de montaña, y montando todo el conjunto, se puso a tocar, deleitándonos con la música que brotaba del ronco, la ronqueta y el chillón.

Y entonces llegó Damián, el aventurero, con los espumosos para brindar por la llegada del nuevo año. Una vez en lo alto del Puerto de Canencia, a 1524 metros de altura, ni rastro de nieve en un invierno de los más calurosos que se conocen. Haciendo un corto camino, llegamos al lugar elegido para plantar el arce. Comenzaron a excavar el hoyo Miguel y Damián, luego se pusieron también a la faena Mar y la pequeña Yaiza, con una azada pequeña. Continuaron también Nathalie y Juanky. Se introdujo finalmente el árbol del que brotaban brillantes yemas, y se tomaron las instantáneas de rigor, hasta con disparadores automáticos con carreras para salir en la foto.

Tras el brindis con cava y sidra por el nuevo año. Nos encaminamos hacia una solana para comer. José Luis se preparó una apetecible sopa humeante con su camping gas. A los postres, Juanky sacó su botella de licor de almendras ofreciendo los consabidos chupitos que arrasaban y quemaban los gaznates, aderezado todo ello con turrones que van quedando en las despensas, como manda la tradición post-navideña. En un momento en el que es fácil que a una le entre la morriña de la siesta, especialmente si se ha dormido mal, como era mi caso, me recosté sobre unas rocas que traté de almohadillar con el plumas que llevaba. De fondo, escuchaba a Paloma contar su experiencia, una prueba de superación personal y de un volver a nacer. Todos estábamos escuchándola con el recogimiento y el respeto de los que desde la barrera tratan de intuir la situación difícil por la que ha pasado y la fortaleza de ese gesto de hablar sin tapujos de un tema que suele presentarse tabú. Estás aquí, Paloma, puedes disfrutar del momento con tu Frodo, vivaracho y chaparrín, y con tu gente.

Hubo un momento en que Juanky volvió a tomar la gaita y nos regaló con algunas piezas, y cuando sonó la banda sonora de “Star Wars”, –dado que es un friki de la saga–, nos dejó sorprendidos a todos. Entonces, recordé el vídeo de youtube en el que aparece tocando los acordes de lo que se convirtió en el himno de Alianza Rebelde de Xivares en su lucha por salvar la playa asturiana amenazada de impacto ambiental por el desarrollo proyectos industriales.

De vuelta, bajamos el puerto disfrutando del comienzo de un atardecer luminoso, casi como los de la primavera. En Miraflores tomamos el café de media tarde y finalmente partimos para Madrid, habiendo cargado las pilas para la nueva semana a punto de comenzar de este nuevo año que todos dicen que se presenta complicado. Pero al menos hemos puesto nuestro granito de arena para el oxígeno del planeta.


Reseña de esta actividad

Autoría: Fuencisla Cañizares Torquemada




Posteado por: )ele( | 8 enero 2012

Plantación del árbol. Pto. Canencia. MADRID

*Nivel Bajo

Comenzamos el doceavo año de la asociación, con nuestra tradicional plantación de un “arbolito” en el tradicional sitio de siempre; así de paso vemos cómo van los otros, los que sobreviven a todos estos años de andadura. Venid los que queráis, niños y mayores, suele ser muy festivo y divertido. Todo el que quiera coger la azada y cavar puede hacerlo. Y regarlos también se puede, que conste.
¡Feliz año 2012 para todas/os!


Coordinación: Miguel

Posteado por: )ele( | 6 noviembre 2011

Luces en el cielo nocturno


En cualquier noche despejada, cuando estamos lejos de la contaminación lumínica de una gran ciudad, pueden verse mucho más que estrellas. ¿Has visto algo que te haya sorprendido? En esta entrada vamos a intentar clasificar los posibles “Objetos voladores no identificados”, que no hemos sabido explicar en nuestros paseos nocturnos.

“Estrella” que apenas parece moverse, más brillante de lo habitual


Probablemente se trate del planeta Venus, visible en el crepúsculo (lucero del amanecer o del atardecer), a veces incluso en el cielo azul, a plena luz del día. Venus es el objeto más brillante del cielo después del Sol y la Luna.
Al encontrarse Venus más cercano al Sol que la Tierra, siempre se puede encontrar, aproximadamente, en la misma dirección del Sol (su mayor elongación es de 47,8°), por lo que desde la Tierra se puede ver sólo unas cuantas horas antes del orto, en unos meses del año, o después del ocaso, en el resto del año. Es visible durante la noche, sólo las primeras tres horas después del atardecer al Oeste, y las últimas tres antes del amanecer, al Este. A pesar de ello, cuando Venus es más brillante, puede ser visto durante el día, siendo uno de los tres únicos cuerpos celestes que pueden ser vistos de día a simple vista, además de la Luna y el Sol. Venus es normalmente conocido como la estrella de la mañana (Lucero del Alba) o la estrella de la tarde (Lucero Vespertino) y, cuando es visible en el cielo nocturno, es el segundo objeto más brillante del firmamento, tras la Luna.
También pudiera tratarse de los planetas Júpiter, Saturno o Marte, que no brillan tanto como Venus pero sí normalmente más que las estrellas. Alguna estrella brillante como Sirio también puede llamar nuestra atención.
La estrella más brillante del cielo es Sirio en la constelación del Can Mayor con una magnitud de -1.6 y también una de las más próximas (8,7 años luz). Se puede ver en invierno a poca altura sobre el horizonte Sur. En ocasiones, Sirio puede aparecer centelleante cerca del horizonte y con colores cambiantes, estos efectos son debidos a la atmósfera.
Los planetas brillan de una forma constante, mientras las estrellas titilan, brillan de forma parpadeante.
Si se trata de un planeta, lo veremos, con el paso de las horas, desplazarse poco a poco de Este a Oeste (como el Sol y todos los astros) debido a la rotación de la Tierra. Quizá en una media hora pueda apreciarse ya este movimiento, si se toman puntos de referencia en tierra.
Ninguno de los planetas figura en los mapas estelares o planisferios, ya que con el tiempo (semanas, meses) cambian de posición respecto a las constelaciones de fondo. Para saber de qué astro se trata, puedes consultar una guía del cielo del año en curso.

Objeto en movimiento, muy rápido, como un trazo en el cielo que después desaparece


Se trata de un meteoro o estrella fugaz (pequeña partícula de material que viaja por el espacio y que al encontrarse con la atmósfera de la Tierra, se quema por la fricción). Hay noches en el año en que se ven más estrellas fugaces (Perseidas, 11-13 de agosto), pero en cualquier noche despejada si observamos durante un rato es probable que veamos alguna.
Su aspecto es muy variado. Pueden brillar mucho o poco. Su trayectoria puede ser corta o larga. Algunas pueden dejar una estela unos instantes y otras no. Normalmente son bastante rápidas, pero también las hay lentas, que pueden durar varios segundos. En ocasiones pueden mostrar algún color.
Las estrellas fugaces grandes se llaman bólidos (corresponden a una “piedra” de quizá unos cm) y pueden ser espectaculares por su brillo y su estela. Algunas pueden fragmentarse durante su trayectoria, presentar destellos o pequeñas explosiones, hacer ruido o dejar un rastro de humo. A veces pueden brillar lo suficiente como para verse detrás de las nubes, y entonces veremos éstas iluminarse al trasluz unos instantes. También pueden ser visibles incluso de día.
Si algún fragmento llega a caer a tierra, se llama meteorito. Cada día caen en la Tierra toneladas de meteoritos de tamaño microscópico y mayores, aunque es muy difícil encontrar uno…

¿Podría ser un cometa?


Un objeto que pasa rápidamente ante nuestros ojos no es un cometa. Éstos, cuando se acercan a la Tierra lo suficiente, se ven durante semanas o meses, y en un día no se desplazan apreciablemente respecto de las estrellas de fondo. Junto con éstas, los vemos salir por el Este y ponerse por el Oeste cada noche, debido a la rotación de la Tierra.
Desde luego que el cometa viaja a gran velocidad por el espacio, pero al encontrarse muy lejos, este movimiento sólo se aprecia a lo largo de los días.
Cada año es corriente ver varios cometas, con telescopios o prismáticos, y a veces a simple vista como una débil “estrella borrosa”. Rara vez alguno se acerca a “sólo” unas decenas de millones de Km de la Tierra, y entonces nos muestra su espectacular cola durante días o semanas.
Eso sí, las partículas de material que deja el cometa a su paso, al encontrarse con la Tierra se convierten en estrellas fugaces o meteoros.

Objeto que parpadea o que cambia la dirección de su movimiento


Casi todos hemos visto un avión de día, pero quizá no nos sea tan familiar su aspecto de noche. La estela de los reactores no se ve en la oscuridad, así que los identificaremos como un objeto que se mueve despacio, con luces que parpadean, y quizá cambie la dirección de su movimiento al cambiar de rumbo. Unos prismáticos nos sacarán de dudas, pues lo veremos más grande o al menos con las luces más separadas.

Objeto que aumenta o disminuye de brillo durante un rato, pero no se mueve


Puede tratarse de un avión que viene de frente (o que se aleja), justo en la dirección de nuestra visual. De este modo no percibiremos su movimiento, aunque sí lo veremos aumentar de brillo (si se acerca) o disminuir (si se aleja). También puede “empezar a moverse” en un momento dado si cambia de rumbo.

“Estrella” débil que se mueve lentamente


Primero debemos asegurarnos de que realmente el objeto se mueve, sobre todo si lo hemos visto en un cielo con nubes y claros. Por efecto óptico, es corriente percibir que “una estrella se mueve” cuando en realidad lo que se mueve son las nubes. Tratemos de tomar como referencia otras estrellas, o un punto fijo del horizonte.
Si realmente la “estrella” se mueve, se tratará de un satélite artificial (de comunicaciones, meteorológico, etc). En cualquier noche despejada pueden verse muchos, ya que la Tierra está rodeada de ellos. Orbitan a alturas de unos cientos de Km. La luz con que los vemos es reflejada del Sol (aunque para nosotros en tierra sea ya de noche, “allí arriba” aún da el Sol). Por eso a veces “desaparecen”, cuando se meten en la sombra de la Tierra y ya no les da el Sol.
Para poderlos ver por tanto se deben cumplir dos condiciones:
1.- Que desde donde observamos sea de noche
2.- Que al satélite “le de el sol”.
Estas condiciones se cumplen después de la puesta del sol, y antes de la salida del sol. Se puede tomar como referencia el que podemos observarlos hasta 2 horas después de la puesta o 2 horas antes de la salida. Depende de la órbita del satélite especialmente de su altura el que se pueda ver hasta más o menos tarde. Aunque hay satélites que son visibles incluso en pleno día.
Podemos ver que las direcciones de desplazamiento en el cielo se agrupan en:
Las que se mueven de componente Oeste (W) a componente Este (E)
Las que se mueven de Sur (S) a Norte (N) o viceversa.
Corresponden estos grupos a los satélites de órbita ecuatorial y los de órbita polar.
También podemos observar a veces oscilaciones del brillo que en algunas ocasiones pueden tener periodos de unos segundos.
Estas oscilaciones están provocadas por el giro del satélite sobre si mismo, y dependiendo de la estructura del satélite y de la velocidad de giro las variaciones de brillo son más o menos apreciables.
Muchas veces podremos seguir la luz hasta que desaparece por el horizonte (o se pierde en la neblina del horizonte), pero en algunas ocasiones estando la luz encima de nosotros (casi en el cenit por ejemplo) de repente empieza a disminuir su brillo, y en dos o tres segundos desaparece de nuestra vista. Comprobamos que no hay nubes altas que puedan ocultar la luz…
Lo que ha pasado es que el satélite acaba de entrar en el cono de sombra que proyecta la tierra en el espacio y por tanto no le da la luz del sol y… se “apaga” a nuestra vista. El cono de sombra de la tierra empieza a levantarse por la dirección contraria a la puesta del sol, por tanto cuanto mas tiempo pasa desde el ocaso más probabilidad tenemos de ver una entrada del satélite en la zona de sombra de la tierra.
Se distingue de un avión en que lo vemos moverse más despacio (ya que está más lejos) y no tiene luces que parpadean. Con unos prismáticos no veremos en el satélite nada más que un punto, debido a la distancia a la que se encuentra (al contrario que el avión que podrá verse más grande).
Tampoco hay que confundirlo con una estrella fugaz, pues ésta sólo dura unos instantes.

“Estrella” que brilla mucho y se mueve, cruzando todo el cielo


Si es como el caso anterior (punto que se mueve despacio) pero además brilla bastante, es probable que sea la Estación Espacial Internacional (ISS), misión tripulada que orbita permanentemente a la Tierra a unos 400 Km de altura. Este “punto brillante” cruzará todo el cielo en tres o cuatro minutos.
También era fácilmente visible del mismo modo, hace años, la estación rusa MIR.
La ISS da unas 15 vueltas a la Tierra cada día y puede verse después de anochecer o antes de amanecer, de modo que es fácil verla si sabemos cuándo y dónde. En la web Heavens-Above puedes informarte de cuándo es visible desde tu lugar.

Destello repentino que dura unos instantes y se desvanece


Hay varias posibilidades:
- Puede ser un meteoro o estrella fugaz que viene justo de frente, con lo cual no vemos la longitud de su trazo sino sólo un destello.
- También puede tratarse (y será lo más frecuente) de un satélite artificial de tipo “Iridium”, que tienen unos paneles solares que reflejan la luz, de modo que cuando los paneles apuntan hacia el observador, como si fuera un espejo, vemos un destello que dura unos instantes. En ese momento su brillo puede ser superior al de cualquier estrella o planeta, mientras que después de un momento los paneles ya no apuntan hacia nosotros y el artefacto ya no es visible por no reflejar luz.
Son los satélites más fáciles de ver, por su elevado número y su brillo. Esta red mundial de telefonía móvil esta formada por 66 satélites distribuidos en 6 órbitas polares, con 11 satélites en cada órbita. En un principio se planificó lanzar 77 satélites. El número atómico del Iridium es 77 y de ahí tomo su nombre el proyecto. Al quedarse en 66 se mantuvo el nombre original.
Desde poco después del primer lanzamiento en Mayo de 1997 se registraron observaciones de unos destellos muy brillantes que pudieran parecer de algún meteorito, pero que rápidamente se señaló que correspondían a destellos provocados por los IRIDIUM.
Normalmente un satélite tiene variaciones de brillo debido a su rotación, pero lo de los IRIDIUM es un auténtico destello que puede llegar a magnitud -6. Los satélites IRIDIUM disponen de tres antenas de transmisión que son planas y están separadas 120 grados en el eje del satélite que apunta al suelo.
Cuando el ángulo entre el sol y una de las antenas planas y el observador es el adecuado, se produce un reflejo, semejante a un espejo, de la luz del sol, que tiene unos segundos de duración total.
El resultado es espectacular y sobrepasa el brillo de Sirio, Júpiter o Venus cuando está en su máximo brillo.
Casi todas las noches puede verse alguno.

Objeto grande, redondo y brillante que se desplaza en distintas direcciones


Hay distintos objetos de este tipo que no son fenómenos astronómicos, sino más bien atmosféricos. La electricidad proveniente de las tormentas puede formar masas de aire ionizado llamadas centellas o rayos redondos. Suelen ser esféricos aunque también a veces cilíndricos o en forma de ovoide, muy brillantes y con distintas coloraciones. Debido a su carga eléctrica se mueven casi como si fueran seres animados, cambiando de dirección y de velocidad, ya por el aire, ya por el suelo.
También la electricidad de los cables de alta tensión puede dar lugar a un efecto similar, produciendo bolas o discos de aire ionizado en movimiento, llamados coronas.

Objetos de otras características


Si bien habría que analizar cada caso particular, estos son algunos fenómenos a tener en cuenta:
- El Sol o la Luna al salir o ponerse pueden adoptar formas aplanadas (discos) o verticales (pilares) causadas por la refracción y reflexión atmosféricas; también pueden aparecer formas duplicadas, ovaladas, partidas en dos, etc. de colores rojos, anaranjados o amarillos.
Incluso podemos ser testigos del rayo verde (el último rayo del Sol poniente es verde. Se ve con horizonte de mar y cielo muy despejado).
- Los astros brillantes como Júpiter o Venus también pueden refractarse y reflejarse cuando se encuentran a ras del horizonte.
- Nubes noctilucentes, situadas a gran altura, que de noche reflejan la luz del Sol cuando éste se encuentra bajo el horizonte.
- Auroras boreales o australes que muestran formas de colores que se mueven en el cielo, como consecuencia de la actividad solar.
- Espejismos debidos a la refracción o reflexión de imágenes en capas atmosféricas frías y calientes.
- Fuegos fatuos causados por la liberación de gas metano en pantanos o marismas.
- “Fuegos de San Telmo” habituales en el mar por ionización del aire (también visibles en tierra o desde aviones).
- Haces de luz de ciudades, de automóviles, de un faro, de proyectores luminosos para fiestas, etc. reflejados y/o refractados en las nubes y la atmósfera.
- Aunque parezca increíble, los pájaros iluminados desde abajo por la contaminación lumínica pueden ofrecer aspectos soprendentes. Recordemos que nuestra vista no es capaz de percibir las distancias en el cielo, de modo que no apreciamos fácilmente si el objeto vuela alto o bajo.
- Balizas luminosas para el tráfico aéreo en la cima de una montaña, pues en la oscuridad no se ve la montaña y la baliza aparenta estar suspendida en el aire.
- Cohetes meteorológicos o el brillo de las nubes de sodio expulsadas por ellos.
- Otros artefactos como globos-sonda o radiosondas, blancos aéreos para radar, etc.

Otras consideraciones


- Hay que tener en cuenta que la sombra de la Tierra tiene forma de cono, por lo cual, si bien para el observador en tierra es de noche, para un objeto artificial en la alta atmósfera puede ser de día, por lo que el objeto podrá reflejar luz y brillar.
- Diversos objetos astronómicos o no, vistos en circunstancias poco habituales, nos pueden extrañar (fuentes luminosas situadas tras el horizonte, etc).
- Por supuesto siempre que la observación se realice a través de un cristal, ventana, etc habrá que considerar los posibles reflejos en el mismo, procedentes de fuentes luminosas situadas detrás del observador.
- Y si el objeto no se observó directamente sino que se trata de una fotografía, entonces muchos más factores entran en juego: luz, distancia, movimiento de la cámara o del objeto, apertura del diafragma, sensibilidad de la película/chip, lente utilizada, etc., además de los posibles fallos en el revelado/procesado o la presencia en el negativo/chip de defectos, manchas o partículas.

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